Teníamos...
Teníamos la edad,
las ganas
y un verano pesado
y lánguido por
delante,
teníamos una siesta
en llamas
y en la tarde,
sombras polvorientas
con las que batallar
en el desván.
Teníamos la edad,
las ganas,
eramos pájaros
volanderos
aprendiendo a volar
con alas nuevas,
teníamos esa
certeza
de sabernos
disconformes,
“el no es justo”
como única letanía,
el corazón en
cueros,
la avidez de unas
manos
antes de las diez,
y ese secreto rubor
de después sobre el
mantel.
Teníamos un volcán
entre las piernas
y en la noche, para
amarnos,
teníamos la luna y
el encinar.
NG